2008/01/08

Jugoso Lo Del Medio

Oficialmente, el banquete comenzaba entonces a las nueve en punto, así que hice de cuenta que recién entraba al salón junto con los otros invitados. Así una vez más noté que aunque la iluminación era tenue, las geometrías en el piso alfombrado le daban a todo más un aspecto de sala de casino que un restaurante de lujo.

Acompañé a Sonia a nuestra mesa previamente asignada y aunque ya nos teníamos bastante confianza, siempre se siente bien ser caballero con alguien que adoramos así que aparté su silla y se la arrimé al sentarse, sintiéndome súper importante por estar con ella y que ella esté conmigo.

Pero antes de sentarme, oops, recordé que había dejado mi plato de chuleta de hada con salsa de salmón a medio terminar en la barra de tragos. No era cuestión de parecer un glotón ante Sonia pero, es que tenía hambre desde el mediodía y no pude aguantar a visitar el comedor antes de hora y hacer buenas migas con uno de los cocineros, el que me dio a probar eso tan exquisito que ahora me resistía a dejar abandonado por ahí.

Sin duda, en la cintura de Sonia no cabe un estómago grande como el mío, pero de todas formas la cara de desaprobación que puso al verme fue menos severa de la que me hubiera esperado y hasta podría decir que noté que de desvanecía a medida que inhalaba sin querer el aroma a especias que irradiaba mi plato.

Por las enormes puertas batientes de la cocina, no tardó en aparecer tras un manto de vapor, el primer número de cocina artística. En una fuente rodante, del tamaño de una mesa, ingresaba al centro del comedor adornado por vegetales dispuestos en una parodia de carnaval de Río una rosca de pan de más o menos metro y medio de diámetro, que giraba por su centro como esas ruedas en los parques de diversiones o esa que hay en el centro de Londres.

Parecía que la rosca estaba barnizada en caramelo y cuando más lento giraba, más ganas le tenía. Cuando la fuente llegó al centro del comedor, la rosca dejó de girar y empezó a ensancharse, hasta que un surco le fue apareciendo a lo largo de su perímetro, como si fuera a convertirse en dos roscas individuales. Pero antes que eso llegara a pasar, la rosca dejó de expandirse y del surco empezó a emanar como un jugo dulce color rosa que lentamente empezada a deslizarse a lo largo de la grieta.

"¡Eso debe saber dulce y rico!" comentó Sonia, tras lo cual volvió a su plato de vegetales, más liviano que el aire de la mañana.

"¡Tan dulce y rico como todo aquello tierno que tenga un surco en el medio!" le respondí, y Sonia no pudo evitar sonrojarse. ¡Cómo me gusta verla así!