2007/12/30

2066 - Bebés Higiénicos

Ahora que entre ambos tenemos nuestros primeros seis millones de euros, Sonia y yo decidimos tener nuestro primer hijo. Obviamente yo quería una niña y ella un niño así que lo echamos a suerte (salió niño) antes de ir al centro de gestación nacional.

Allí, en el plazo de dos horas primero nos hicieron llenar unos formularios, luego escanearon nuestro ADN para que podamos escoger el look que nuestro niño tendría a los 5 años, repasando posibles retratos en una pantalla. También pudimos escuchar qué tono de voz tendría cada uno de esos modelos: "Hola ma, Hola pa".

Finalmente dejamos muestras de nuestras células reproductivas y se nos dijo cuándo podríamos volver a ver como va creciendo el feto en su tuvo placentario y a partir de cuándo podríamos empezar a comunicarnos con el remotamente, hablándole o hacerle escuchar música o simplemente el sonido de nuestro ambiente o del mundo en general.

Obviamente, en su momento yo le hice escuchar la música de Sunscreem o KLF, para que vaya formando un buen oído, mientras que Sonia le leía cuentos de hadas antes de dormirse.

Como lo podíamos ver crecer cuando quisieramos por una cámara, personalmente sólo lo visitamos una vez, cuando cumplió cinco meses de gestación. Sin duda era mucho más maravilloso verlo en directo, pero sabíamos que lo mejor estaba por venir.

A los nueve meses exactos nos llamaron para que vayamos a recogerlo. El viaje en tren de levitación magnética entre Salto y Montevideo tardó sólo una hora que igualmente se nos hicieron tres de la ansiedad que teníamos.

Ya en el centro de gestación, fuimos a la sección de entregas, donde teníamos tres parejas aguardando su bebé antes que nosotros. A cada bebé entregado le hacían un monitoreo instantáneo de su ADN para que los padres pudieran comprobar su paternidad.

Cuando nos tocó el turno a nosotros si apenas podíamos mantenernos de pié, las piernas nos temblaban de emoción cuando la enfermera atravesó la puerta con nuestro bebé, limpito y cobijado en una colcha celeste todo en una caja de regalo color azul, de lados abrillantados.

La enfermera nos dijo que no tendríamos que preocuparnos por si se hace encima porque tenía puesto pañales higiénicos auto-limpiantes, que reciclan los desechos sólidos y líquidos en agua limpia y gases de agradable perfume.

Tampoco tendríamos que bañarlo ni limpiarle la boca después de comer ya que como todo ser humano, ya estaba asistido por nanobots que se encargarían silenciosamente de toda limpieza que haga falta.

Antes de salir del centro, en la recepción nos entregaron un par de tarjetas con chip con los datos civiles y genéticos del niño.

En el viaje de regreso en tren, las únicas ventanas serían los ojos de nuestro bebé.